Los equipos de protección individual (EPIs) son esenciales para contribuir a la seguridad laboral y cada uno de ellos está orientado a la tarea que se vaya a realizar. Los más habituales son los guantes, los cascos, los arneses o las botas de seguridad.

En el trabajo, con tal de proteger frente a un riesgo especifico, los pies pueden resguardarse con calzado de protección, calzado de seguridad o calzado de trabajo. Los pies de un trabajador son sensibles a diversos tipos de daños como aplastamientos, atrapamientos, golpes, torceduras, pinchazos, humedad, productos químicos, contacto eléctrico o resbalones, entre otros.

El denominado calzado de trabajo no garantiza la protección de impactos en la zona delantera del pie, pero suelen ser útiles para evitar caídas o resbalones. No obstante, las botas seguridad ofrecen un diseño especial que protege contra los impactos. La puntera de este tipo de zapatos lleva una protección dura para soportar los golpes por la caída de objetos en el píe y la suela es antideslizante y resistente a la perforación. Los zapatos de seguridad suelen proteger frente al riesgo eléctrico porque poseen suela aislante, además de aportar una resistencia extra al efecto de los ácidos o disolventes. Para los trabajos en ambientes fríos o calientes se utilizan zapatos de seguridad con suela aislante de calor y frío.

El calzado de seguridad se escoge una vez se hayan definido los riesgos específicos que acarrea cada tipo de tarea en el lugar de trabajo. Es muy importante tener en cuenta la morfología del usuario a la hora de escoger el zapato adecuado. Del mismo modo, el calzado debe contener información útil como talla, marca del fabricante, año de fabricación y los símbolos adicionales que identifiquen la protección especifica del zapato.

Las botas de seguridad disponen de una vida útil que dependerá de su mantenimiento y de las condiciones de trabajo. Por este motivo es necesario que el calzado sea revisado con regularidad, con tal de observar deficiencias como desgaste o deterioro. Si se encontrasen fallos en el zapato, será necesaria su reparación o remplazo para que pueda seguir cumpliendo su tarea de protección.

Algunas acciones pueden adelantar el deterioro del calzado, como el uso en un lugar de trabajo sometido a temperaturas extremas, en el que se usen productos químicos o en el que se desarrollen acciones mecánicas. En ocasiones no se somete a los zapatos a un mantenimiento, almacenamiento y limpieza adecuados. También suele ocurrir que no se escoge el zapato correcto o que se utiliza de una forma inadecuada.

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